Oriol Reull

Aquí no se tira nada: apps para aprovechar la comida que irá a la basura


Oriol  Reull

Oriol Reull

Jefe de proyecto en España Too good to go

Nada refleja mejor la enorme e injusta desigualdad en que vivimos los habitantes de este planeta, que las cifras anuales de seres humanos que mueren por culpa del hambre. En la presentación del último informe de la FAO (la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), su jefe de Estadística Pietro Gennari hablaba de un “panorama sombrío. Cuatro años después de lanzar la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, hemos retrocedido en lo que se refiere a acabar con el hambre y hacer que la agricultura y la gestión de los recursos naturales -ya sea en tierra o en nuestros océanos- sean sostenibles”. Según FAO, en la actualidad más de 820 millones de personas sufren hambre en el mundo y, además, el número de víctimas ha crecido por tercer año consecutivo. El escalofrío que producen estas cifras se eleva a indignación cuando se cruzan con los datos de la comida desperdiciada diariamente en el mundo. Algunos estudios, como el publicado por Tristram Stuart en su libro Despilfarro, aseguran que la comida que se tira a diario en el planeta es más de la que podrían consumir los hambrientos. Sobreproducimos y desechamos. Así de absurdo. Cada año en Europa se desperdician 89 millones de toneladas de alimentos valorados en 143.000 millones de euros. En el caso de España, cada familia arroja a la basura una media de 76 kilos de comida al año, el equivalente a unos 250 euros por persona.

Frente a la ridícula e inmoral inactividad de quienes podrían adoptar soluciones de calado, otros se organizan echando mano de la tecnología para hacer un pequeño aporte en la dirección adecuada. Nada mejor para evitar que la comida acabe en el cubo de la basura que ofrecérsela a aquellos que están más cerca. Algo así como la versión millennial de la señora que en las películas estadounidense se acerca con una tarta de manzana para dar la bienvenida oficial al vecindario. Eso es Olio, una app creada por un par de emprendedoras (Tessa Clarke y Saasha Celestial-One), que ayuda a los vecinos a compartir la comida que no van a consumir. Los intercambios son totalmente gratuitos y la idea ya ha seducido a más de un millón de personas en 49 países basándose en algo realmente inspirador: hacer algo bueno por el planeta al tiempo que conoces gente que vive cerca de ti y con la que entablas una relación más cercana.

Si Olio se sustenta en el contacto entre vecinos, Too Good to Go busca un impacto global a través de lo que ellos llaman “the food waste revolution”. La aplicación móvil que representa la punta de lanza del movimiento es también sencilla: el usuario paga a través de la app un paquete de comida de algún negocio local (restaurantes, fruterías, panaderías…), con la particularidad de que lo hace a un precio más barato, ya que se trata de los excedentes de los establecimientos. Al mismo tiempo que se ahorran un dinero, colaboran en una buena causa. El movimiento Too Good To Go, pretende luchar contra el desperdicio de comida trabajando sobre cuatro pilares: en los hogares, en los negocios, en las escuelas y en la regulación política. Una lucha que nos concierne a todos, especialmente si hacemos caso a las recomendaciones de Chad Frischmann, reconocido experto ambientalista, que recoge el movimiento en su web: “Reducir el desperdicio de comida es una de las acciones más importantes que podemos hacer para revertir el cambio climático”

Edición:  Maruxa Ruiz del Árbol | Cristina López
Texto: José L. Álvarez Cedena


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