Norbert Schnell

Convertir el smartphone en una guitarra, un violín o toda una orquesta musical


Se ha escrito (y reflexionado) mucho sobre las relaciones entre el arte y la tecnología. Las posturas -muchas de ellas antagónicas y aparentemente irreconciliables- oscilan entre quienes defienden una especie de “pureza” artística que se ve contaminada en el momento en que las nuevas tecnologías entran en juego, y aquellos que reniegan de la tradición fascinados por las posibilidades que ofrece la utilización de ordenadores, sensores y demás cacharrería en el proceso de creación y distribución de las obras. Lo cierto es que vivir de espaldas a la tecnología, aunque legítimo, no sólo resulta complicado en un mundo hípertecnificado, sino también reduccionista. El director de cine experimental Godfrey Reggio (que cautivó con su trilogía de búsquedas espirituales y títulos impronunciables: Koyaanisqatsi, Powaqqatsi y Naqoyqatsi), definió bastante bien las imbricaciones inherentes a esta relación: “No se trata del efecto de la tecnología sobre el medio ambiente, la religión, la estructura económica, la sociedad, la política, etcétera. Es que ahora todo existe inmerso en la tecnología hasta el punto de que es la nueva y completa naturaleza de la vida”. Así pues, si todo está inmerso y relacionado, mejor aprender a conjugar el arte y las nuevas tecnologías en lugar de negar uno u otro.

En el IRCAM (instituto de investigación acústico musical) alojado en el prestigioso Centro de Arte Pompidou de París llevan décadas dedicándose al estudio de las vanguardias de la música, desde el modernismo predominante en su nacimiento en los años 70, hasta las nuevas tendencias relativas a la inclusión de tecnologías digitales en la composición e interactuación de los artistas con el público. Uno de sus investigadores, Norbert Schell, está interesado en ampliar las posibilidades de la música con un dispositivo tan común como el teléfono móvil: “Las tecnologías digitales aportan gran fluidez en las nuevas formas de creación y participación musical. El smartphone es una herramienta muy poderosa y todos llevamos uno en el bolsillo”. Las propuestas de Schell están siempre enfocadas a las relaciones existentes entre el sonido y el movimiento, y en como estas simbiosis pueden ser reinterpretadas de forma colaborativa en distintos espacios.

Estas investigaciones le han llevado al diseño de distintas instalaciones en las que los visitantes, a través de sus teléfonos, construyen un ambiente sonoro. O a la paradoja de atreverse a ofrecer un concierto sin orquesta, en el que los intérpretes son los propios espectadores presentes en la sala. Schell está convencido de que este tipo de experiencias harán cambiar la concepción de creación musical para siempre: “hablo de una revolución metafórica en el sentido de que la música ya no será nunca más algo que una persona inventa, un objeto que se presenta en el escenario, sino un proceso que involucra a la gente”. Tal vez la tecnología digital sea entonces eso que las vanguardias de comienzos del siglo XX buscaron (sin encontrar del todo) para democratizar el arte. Se adelantaron un siglo.

TRANSCRIPCIÓN

Entrevista: Malu Barnuevo
Edición: Juanlu Ocampos | Douglas Belisario
Texto: José L. Álvarez Cedena


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