Madhu Bhaskaran

¿Cuándo veremos una tablet tan flexible como el papel?


Para entender lo que ha llevado a Madhu Bhaskaran a ser nombrada por el MIT una de las diez investigadoras más importantes menores de 35 años en la región de Asia Pacífico, hay que remontarse al siglo XIX. Al laboratorio de Pierre y Jacques Curie, quienes en 1881 descubrieron un fenómeno que se manifiesta en algunos cristales cuando estudiaban la capacidad de compresión del cuarzo. Esa propiedad, bautizada como piezoelectricidad, provoca que al comprimir un cristal se genere potencial eléctrico. Pero la piezoelectricidad, aunque se ha continuado estudiando desde entonces, no había sido traducida en grandes aplicaciones. Altavoces, mecheros, traductores de ultrasonidos o material de odontología han aprovechado esta peculiar propiedad de los cristales. Sin duda, objetos útiles, pero nada que indicara que estábamos cerca de una nueva revolución.

Sin embargo, investigadores como Madhu Bhaskaran están dispuestos a que la palabra piezoelectricidad termine sonando familiar para cualquiera que abra las especificaciones técnicas de un dispositivo como una tablet o un smartphone. Doctora en Ingeniería de Materiales Electrónicos, Bhaskaran (que dirige actualmente el grupo de investigación en materiales funcionales y microsistemas de la RMIT University de Melbourne) vaticina avances en su campo que trabajo que permitirán que dentro de poco tiempo podamos disfrutar de tablets o smartphones flexibles e irrompibles. “Si hablamos de dispositivos electrónicos a gran escala, nos quedan diez o catorce años para alcanzar los objetivos, asegura Bhaskaran, pero las cosas pequeñas como los sensores wearable ya están entrando en el mercado, así que en dos o tres años veremos resultados de calidad”.

Todo avance tecnológico está íntimamente relacionado con una nueva forma de aplicar o tratar los materiales: desde la primitiva posibilidad de convertir la arcilla en cerámica, hasta la capacidad de fundir silicio para fabricar chips. La nanotecnología y la piezoelectricidad son dos de esos conceptos que, partiendo de una nueva forma de tratar la materia, permitirán en un futuro no muy lejano conseguir que las baterías sean autorecargables o mejorar nuestra calidad de vida a través de sensores que llevaremos por todo el cuerpo. “Nuestra esperanza de vida estará cerca de los 90 años y no podemos estropearnos como un coche, afirma Bhaskaran, sería maravilloso disponer de algo que nos avise de que nuestra salud no está muy bien y necesitamos ser reparados”.

Texto: José L. Álvarez Cedena

TRANSCRIPCIÓN


Materiales Tecnología Wearables