Mikell Taylor

El dron de usar y tirar para misiones humanitarias


Quién no ha cogido alguna vez un buen trozo de papel, lo ha doblado con esmero (o arrugado en la mayoría de ocasiones), ha visto cómo de sus movimientos manuales salía un avión y lo ha lanzado con la esperanza y el arrojo de verlo en vuelo los máximos segundos posibles. El proyecto ‘Sky Machine’, financiado por la agencia DARPA – Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados de Defensa de Estados Unidos – y desarrollado por los ingenieros de la startup Otherlab, está haciendo realidad ese sueño de infancia al fabricar un dron en un material muy similar al cartón que se lanza desde una avioneta y que se biodegrada en cuestión de un par de días.

La idea es simple, pero tremendamente ingeniosa. Buscan que el dron sea una herramienta para enviar materiales como baterías, vacunas, sangre u otros tipos de suministros médicos a lugares remotos o zonas a las que es complicado acceder. Véase catástrofes naturales o conflictos bélicos. Las aeronaves tienen el aspecto más propio de una manualidad que de una tecnología rompedora; pero lo cierto es que albergan en su interior un corazoncito electrónico conformado por un sencillo receptor de señales GPS, sensores y actuadores aerodinámicos para mantenerlas estables y dirigirlas.

Una vez llegan a su destino y entregan la carga, desaparecen casi por arte de magia. “Las fibras de micelio (es decir, setas) son el material que usamos y se pueden impregnar con esporas que se activan justo antes de que el dron sea liberado. Las esporas crecen y se van comiendo al dron”, explica Star Simpson, ingeniera de Otherlab. Esto, más allá de lo curioso, hace que el coste de la nave sea lo suficientemente pequeño como para no tener que preocuparse por recuperarlas.

Hasta ahora solamente han probado a lanzarlos desde 300 metros de altura y a transportar cargas de hasta 1 kilogramo, pero la intención es ampliar su tamaño para pensar en llevar cosas más pesadas. “Queremos escalar el diseño hasta una envergadura de 3 metros que nos daría la posibilidad de portar hasta 10 kilos de peso”. La idea que comenta Mikell Taylor, otra de las ingenieras de sistemas de Otherlab, no es nada descabellada. Solo queda por ver si son capaces de implementarla y, literalmente, poner los “drones de un uso” a surcar los cielos para completar sus misiones.

TRANSCRIPCIÓN

Edición: Juanlu Ocampos | David Giraldo


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