Ramón Larramendi

El reto de alcanzar el polo Sur con el único impulso del viento


Ramón Larramendi

Ramón Larramendi

Explorador polar y creador del 'Trineo de viento'

Antártida es sinónimo de aventura. Es también leyenda. Y drama. Es la última gran conquista de los exploradores que durante el siglo XIX y principios del XX se lanzaron, con cabeza científica y corazón aventurero, a descubrir hasta el último rincón de nuestro planeta. Y sobre todo es la historia de una rivalidad: la del noruego Amundsen y el británico Scott que ha sido plasmada en libros, películas y canciones. La tragedia de Robert Falcon Scott es de sobra conocida: cuando después de varios meses de penosa travesía alcanzó el polo Sur el 17 de enero de 1912 junto a cuatro de sus hombres, descubrió que allí, sobre el paralelo 90, ondeaba ya la bandera de Noruega que Roald Amundsen había colocado cinco semanas antes. El explorador británico murió junto al resto de miembros de su expedición tratando de regresar a su campamento base. Meses después fue encontrado su diario donde el 26 de marzo, dos días antes de fallecer, había escrito: “Perseveraremos hasta el final, pero cada vez nos encontramos más débiles, por supuesto, y el fin no puede estar lejos. Es una pena, pero no creo que pueda escribir más. Por el amor de Dios, cuidad de nuestra gente”. Aquel diario y su muerte, preñada de la poesía que otorgamos siempre a los perdedores, elevaron a Scott a la categoría de héroe y le convirtieron en un icono de la cultura popular.

Seguramente cuando Ramón Larramendi alcanzó el polo Sur justo un siglo después de que lo hiciera el desdichado Scott, el aventurero español tuvo en su memoria al británico. En aquella expedición del 2012, su segunda al centro de la Antártida, Larramendi y su equipo recorrieron 4.300 kilómetros en un trineo impulsado únicamente por el viento. Un vehículo ideado y diseñado por él mismo y que puede considerarse “el primer vehículo polar movido por energías renovables, capaz de desplazarse eficientemente por el interior de la Antártida y Groenlandia. Y también el primer vehículo de investigación de facto totalmente limpio”. El trineo, utilizado ya en varias expediciones desde hace casi una década, puede funcionar con vientos de entre 6 y 60 kilómetros por hora. Después de diez versiones del vehículo, en su configuración actual se trata de un verdadero convoy, que alcanza los 12 metros de largo por 3,30 de ancho, con varios módulos (locomotora, científico y habitabilidad) y capaz de trasladar cuatro tripulantes y 2.500 kilogramos de carga.

Larramendi, explorador experimentado en muchas y variadas expediciones, es además un apasionado divulgador científico, autor del que está considerado mejor libro sobre las condiciones de vida y la historia de los inuit (Esquimales) con los que convivió varios años, y colaborador habitual de varios medios de comunicación. En la nueva expedición, que comenzará en diciembre de este año, su objetivo es alcanzar junto a Ignacio Oficialdegui, Hilo Moreno y Manuel Olivera el Domo Fuji, a 3.810 metros de altitud, sin medios motorizados. Soportarán temperaturas de inferiores a 50º bajo cero y en estas condiciones extremas llevarán a cabo diversos diez proyectos de investigación punteros de biología, geología, telecomunicaciones, ciencia espacial y medio ambiente. Una actividad científica importantísima que no puede, sin embargo, ocultar la poesía del aventurero que Larramendi y sus compañeros sienten cada vez que inician un nuevo proyecto. Aunque, eso sí, teniendo siempre presente la advertencia de Roald Amundsen quien sí volvió de aquella expedición primigenia: “La victoria aguarda a aquel que tiene todo en orden: la gente lo llama suerte. La derrota es segura para aquel que no ha tomado las precauciones necesarias a tiempo; y esto es lo que se llama mala suerte”.

Edición:  Maruxa Ruiz del Árbol, Cristina López
Texto: José L. Álvarez Cedena


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