Ferran Latorre

Ferran Latorre, el alpinista conectado a 8.000 metros de altura


Ni frases épicas. Ni poses sobreactuadas. Ni palabras para ser grabadas en placas conmemorativas. La leyenda cuenta que, cuando Edmund Hillary alcanzó la cima del monte Everest en 1953 junto con el sherpa Tenzing Norgay, convirtiéndose en los primeros hombres en coronar los 8.848 metros de la mítica montaña, el explorador neozelandés dijo: “¿Has visto George? Hemos derrotado a este bastardo”. La frase era una dedicatoria a George Mallory, el alpinista inglés que desapareció en 1924 durante una expedición a la cumbre del Everest, sin que nunca se haya confirmado que tuviera éxito (sus restos fueron encontrados en 1999 y todavía descansan a 7.900 metros de altura). Norgay, más apegado a la tierra a la que pertenecía, describió la sensación a su hijo Jamling, también montañero, muchos años después: “Desde la cumbre de la montaña no se puede ver todo el mundo, Jamling. La vista sólo le recuerda a uno lo grande que es el mundo y las muchas cosas que quedan por ver y aprender”.

Más de seis décadas después de aquella hazaña histórica el Everest sigue alimentando las fantasías de todos los alpinistas del mundo. Cierto que la ascensión, a fuerza de las constantes expediciones, se muestra como algo más prosaico (cada año suben unas 800 personas). Casi como si fuera cosa de senderistas avezados. Tanto es así que el gobierno de Nepal ha alertado de la cantidad de basura acumulada en las rutas más transitadas y obliga a los montañeros a depositar una cuantiosa fianza que perderán en caso de no descender con ocho kilos de residuos (más o menos lo que produce cada uno). Pero no es menos cierto que unos 200 escaladores han perdido la vida en el intento. Poca broma. Subir al techo del Himalaya es una misión al alcance de muy pocos valientes.

Uno de ellos es el montañero catalán Ferran Latorre, un tipo curtido en la alta montaña desde muy joven y protagonista de numerosas expediciones por todo el planeta como cámara de un clásico de nuestra televisión, el programa “Al filo de lo imposible”. Latorre está actualmente enfrentando un reto mayúsculo: ascender los 14 ochomiles que existen sin oxígeno. Ahora, en estos comienzos de julio, está en algún punto del Himalaya cerca del Nanga Parbat, una de las dos únicas montañas que le quedan para cumplir su aventura (la otra es el Everest). Y sabemos donde se encuentra gracias a la tecnología, que le permite no sólo editar y subir fotografías y vídeos de su recorrido (su blog es un espectacular homenaje al montañismo), sino también localizarle en un mapa gracias a una aplicación GPS. Latorre fue la primera persona en el mundo en enviar un vídeo desde un campamento base a ocho mil metros y para la ascensión al Everest, además de su posición y datos atmosféricos, quiere monitorizar y transmitir sus constantes vitales. Será un poco como estar junto a él. Un paso que se logrará definitivamente también gracias a la tecnología: “en los próximos años tendremos ascensiones en realidad virtual”. Cualquier entonces podrá, aunque sea desde casa, derrotar al bastardo.

Texto: José L. Álvarez Cedena

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