Christophe Dumas

La Palma puede ser la casa del telescopio más grande del mundo


Christophe Dumas

Christophe Dumas

Jefe de Operaciones de Telescopio de Treinta Metros(TMT)

En un delicioso cuento titulado En otro planeta. Tratado sobre la vida de los habitantes de Marte, escrito en 1896 por Porfiri P. Infántiev, uno de los grandes pioneros de la ciencia ficción rusa de comienzos del siglo XX, el autor describía un extraordinario telescopio que no solo permitía observar las estrellas, sino que daba al que lo utilizaba la posibilidad de trasladarse hasta allá. Concretamente (y esa es la base de un cuento que anticipó muchos prodigios tecnológicos que hemos visto después) hasta el planeta Marte. Obviamente, a pesar de los muchos avances científicos que hemos conquistado en este siglo y pico que ha pasado desde que el cuento de Infántiev fue escrito, lo que no hemos conseguido es fabricar semejante ingenio. Aunque, eso sí, los telescopios con los que los astrónomos hacen su trabajo son cada vez más sofisticados.

Herramienta básica para el conocimiento del espacio, la gloria del invento del telescopio ha sido reclamada por muchos. Como suele ocurrir en estos casos, el mérito debería reconocerse compartido: porque hay estudiosos que aseguran que el crédito habría que otorgárselo a gerundense Joan Roget, mientras que la historia oficial señala al alemán Hans Lippershey. Y, sin embargo, el nombre que todos relacionan con el telescopio cuando se habla de sus inicios en el siglo XVI es el de Galileo Galilei. Gracias al telescopio el sabio toscano revolucionó la ciencia y dejó constancia de la existencia de montañas en la Luna, descubrió nuevas estrellas y describió la existencia de satélites en Júpiter, entre otras observaciones. También se ganó la enemistad de muchos poderosos, el juicio del Santo Oficio y la condena al ostracismo, en la que ha sido seguramente la disputa más ilustre entre la ciencia y la iglesia de la historia.

Aquellos telescopios de Galileo parecen hoy poco más que juguetes y están, por supuesto, a años luz de un prodigio tecnológico como el Gran Telescopio de Canarias, el mayor telescopio óptico del mundo (con un espejo primario de más de diez metros) situado en la isla de La Palma y desde donde “es posible ver una moneda situada en lo alto de la torre de Londres”. Quien realiza esta ilustrativa comparación para que se entienda la potencia de la lente, es Christopher Dumas, jefe de operaciones del TMT (Telescopio de Treinta Metros), un proyecto que planea construir un telescopio con una óptica tres mayor que la del GRANTECAN, probablemente en la misma isla. En realidad, el TMT debería instalarse en Hawaii, en un lugar considerado sagrado por sus habitantes, un problema que ha generado dudas acerca de la viabilidad de llevar a buen término el proyecto, por lo que La Palma podría convertirse en una alternativa interesante.

Aunque resulte casi de perogrullo afirmarlo, lo que conseguirán los astrónomos con este gran telescopio es poder realizar observaciones más lejanas lo que, traducido al espacio, significa viajar más atrás en el tiempo. El proyecto, un esfuerzo conjunto de Estados Unidos, Canadá, China, India y Japón, permitirá plantearnos nuevas preguntas acerca del origen del universo. La ubicación en La Palma del TMT sería un regalo para una isla que cuenta con uno de los mejores cielos del planeta para la observación astronómica porque “es una aguja que se inserta en la atmósfera y en la punta de esa aguja están nuestros telescopios”, como afirma Rafael Rebolo, director del Instituto de Astrofísica de Canarias. Rebolo cree que proyectos como este pueden ayudar a responder una de las grandes cuestiones que nos acompañan como especie: “Yo personalmente buscaría la huella de la actividad biológica en otros planetas” para “dar respuesta a esa pregunta de si hay vida en otro rincón del universo”.

Edición:  Maruxa Ruiz del Árbol | Ainara Nieves
Texto: José L. Álvarez Cedena


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