Sarah Ellis

Lo más futurista que puedes ver en el teatro es una obra de Shakespeare


Sarah Ellis

Sarah Ellis

Responsable proyectos digitales Royal Shakespeare Company

La primera vez que se representó “La tempestad” de William Shakespeare el 1 de noviembre de 1611 en el palacio de Whitehall de Londres ante el rey Jacobo I y sus invitados, el público quedó asombrado ante las innovaciones escénicas propuestas. El dramaturgo, considerado uno de los escritores más grandes de todos los tiempos, había incluido en las indicaciones que precedían a la obra algunos efectos que debían desplegarse entre bastidores para dotar a su texto de mayor espectacularidad que debía comenzar con “un tempestuoso ruido de truenos y relámpagos”. La Royal Shakespeare Company (RSC), en su descripción de “La tempestad”, desgrana con entusiasmo cómo era esta puesta en escena, y añade que “Los teatros de la época estaban equipados con fuegos artificiales y truenos para tales efectos. Si eso no era suficiente, se podía rodar una bala de cañón en un canal de madera para producir más truenos o utilizar una lona para simular el sonido de los fuertes vientos”. Además, cubos de agua eran volcados sobre los actores para dar vida a los marineros que, según indicaba Shakespeare, debían aparecer empapados.

No es extraño que, ante tal despliegue de modernidad llegado desde el siglo XVII, Gregory Doran, director artístico de la RSC, eligiera precisamente esta obra para conmemorar el año pasado el cuarto centenario de la muerte del genio de Stratford-upon-Avon. Porque no hay un montaje mejor para proyectar hacia el futuro a Shakespeare que una propuesta que, desde su origen, ya buscaba el asombro de los que ocupan el patio de butacas a través de la tecnología. En las sucesivas representaciones de “La tempestad” se han utilizado trampillas, poleas, elevadores, trapecios y máquinas de niebla para intentar plasmar sobre el escenario “el enorme y amplio océano de genialidad” que según Doran era la imaginación de Shakespeare. Aquellas maravillas mecánicas que dejaban boquiabierto al público han sido evolucionadas en la propuesta de la RSC por las más avanzadas técnicas digitales de captura de movimientos utilizadas en cine y videojuegos, pero con la dificultad añadida de hacerlo sobre un escenario y en directo.

La idea de digitalizar “La tempestad” hasta convertirla en un despliegue tecnológico sin precedentes fue de Sarah Ellis, directora de desarrollo de la compañía, después de asistir a una conferencia de Brian Kraznich, presidente de Intel, en el CES de 2014: “pude ver una ballena volando sobre las cabezas del público”. En ese mismo instante supo que aquello (la tecnología, no el cetáceo) era lo que necesitaba la obra. Poco después la RSC se unía a Intel y The Imaginarium Studios (empresa de efectos digitales encargada de la captura de movimiento en grandes películas como El planeta de los simios o Vengadores: La era de Ultrón, entre otras) para crear una experiencia teatral única. El actor que representa a Ariel, el duende de “La tempestad”, jamás pisa la escena durante la obra: actúa a través de un avatar que reproduce sus movimientos, capturados mediante sensores y procesados en tiempo real por equipos informáticos, fabricados expresamente para la obra y tan potentes que los técnicos de Intel los bautizaron como la “gran bestia”. Doran cree que la propuesta habría fascinado a Shakespeare y confía, además, en que este tipo de espectáculos puedan seducir a públicos más jóvenes, acostumbrados a la espectacularidad de los videojuegos. De esta forma las palabras que escribiera el gran dramaturgo se mantendrán en el tiempo y permitirán seguir imaginando nuevos mundos porque, al final, como asegura Próspero, protagonista de su obra, no hay que olvidar que nosotros mismos “estamos hechos de la misma materia de los sueños”.

TRANSCRIPCIÓN

Edición: Maruxa Ruiz del Árbol | Georghe Karja
Texto: José L. Álvarez Cedena


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