Carmen Pérez Díe

Los drones irrumpen en la búsqueda de tesoros arqueológicos


Carmen Pérez Díe

Carmen Pérez Díe

Resp. Egipto y Oriente Próximo. Museo Arqueológico Nacional

Un látigo, un sombrero y una media sonrisa repleta de ironía es todo lo que necesitaba Indiana Jones -el personaje creado por George Lucas y llevado al cine por su amigo Steven Spielberg- para descubrir tesoros ocultos. Es verdad que su práctica de la arqueología puede resultar para los expertos en esta ciencia muy pedestre, pero no se le puede negar su encanto. El doctor Jones expolia piezas valiosas, destroza evidencias de antiguas civilizaciones y se mueve entre los restos arqueológicos como un adolescente británico en Magaluf. En su defensa hay que decir que habitualmente los arqueólogos no tienen que enfrentarse a nazis o extraterrestres. Eric Powell, director de la revista Archeology, hablando en el New Yorker sobre el famoso personaje, reconocía que evidentemente las películas eran “una visión romántica del trabajo que hacemos. Indy puede ser un arqueólogo terrible, pero es un excelente embajador de la arqueología”.

Las aventuras de Indiana Jones estaban ambientadas en los años treinta y cuarenta del pasado siglo. Pero ya entonces el látigo y la chupa de cuero resultaban herramientas extravagantes para un arqueólogo. Más bien, lo que estos científicos llevaban (y continúan llevando) a las excavaciones para realizar su trabajo son rasquetas, picos, palas y escobillas. Todo este equipo sigue siendo habitual, pero ahora las nuevas tecnologías han venido a echar una mano a los arqueólogos en forma de drones, escáneres de alta resolución y programas de representación en 3D. En concreto, la importancia de los drones en este terreno es tan significativa, que en un artículo en The New York Times Luis Jaime Castillo, viceministro de Patrimonio Cultural de Perú, aseguraba que su llegada había marcado “un antes y un después para la arqueología”. Los drones pueden cumplir varias misiones, por un lado permiten registrar y catalogar los objetos de los yacimientos (tanto para su estudio como para su vigilancia) y, por otro, realizan fotografías aéreas que, a través de la técnica llamada fotogrametría, son utilizadas para hacer una reconstrucción tridimensional digital de superficies y edificaciones. Estas reconstrucciones son escalables y medibles, por lo que permiten realizar estudios a distancia como si se estuviera sobre el terreno.

Los investigadores creen que la utilización de drones se encuentra todavía en sus primeras etapas y que su aporte será mucho mayor en los próximos años. Un artículo del Journal of Archaeological Sience, señalaba que la posibilidad de incluir cámaras infrarrojas en este tipo de vehículos ha ayudado a descubrir tesoros ocultos bajo tierra a los que, de otra forma, difícilmente habríamos accedido. Como en tantas otras ocasiones, también en la arqueología parece que las posibilidades crecen cuando se amplía el punto de vista. Y es que para saber lo que oculta la tierra, tendremos que mirar desde el cielo.

El proyecto de Heracleópois Magna en Egipto cuenta con la ayuda dde varias instituciones privadas y públicas entre las que se encuentran: Fundación Gaselec, Fundación Paralarq, Ministerio de Educación, Cultura y Deporte de España, Asociación Acophia y la Empresa Empty.
TRANSCRIPCIÓN

Edición: Maruxa Ruiz del Árbol | David Giraldo
Texto: José L. Álvarez Cedena


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