Maria Panetta y Ava Aghakouchak

Prendas interactivas que avisan de los obstáculos


En el Surangama Sutra, uno de los muchos textos por los que están diseminadas las enseñanzas budistas (en este caso de la rama Mahayana), se cuenta cómo el Buda trataba de explicar ante un grupo de discípulos los problemas a los que nos enfrentamos cuando queremos interpretar el mundo desde nuestros sentidos. Utilizando a su primo Ananda como sparring en el diálogo, les instaba a ubicar el espacio desde el que percibimos los objetos (¿está en los ojos, dentro de nuestras cabezas, fuera tal vez?). El atribulado Ananda, ante las continuas preguntas de su maestro, saltaba de la certeza a la duda para concluir que ese era un problema que excedía su comprensión. Lo que el Buda demostró con aquellas charlas hace ya más de 2.500 años fue lo limitado de los sentidos y también cómo esto influye en la representación que nos hacemos de lo que nos rodea. Es decir, que ni lo que vemos ni lo que imaginamos se correspondería -en sentido estricto- con la realidad. Lo que podemos tomar por real y lo que debemos interpretar como una construcción subjetiva del mundo ha sido -y seguirá siendo- una de las grandes cuestiones no sólo de la filosofía occidental, de Platón a Husserl, sino también de la ciencia. Aunque desde el punto de vista estrictamente existencial (histórico e incluso sociológico) esta cuestión es todavía un campo no muy explorado, lo que sí tenemos claro actualmente es que nuestros sentidos son deficitarios. Y también que gracias a los avances tecnológicos podemos amplificarlos para superar sus condiciones naturales.

Maria Panetta y Ava Aghakouchak, arquitectas e investigadoras del Interactive Architecture Lab de Londres, llevan tiempo trabajando desde el campo teórico y práctico con nuestros sentidos para dotarlos de una mayor precisión. Su terrero es la compAdd Newrensión de los espacios en que nos desenvolvemos aplicando el diseño interactivo y la neurociencia. Panetta, en su web personal, explica la forma en que explora la interacción tomando las palabras del arquitecto finlandés Juhani Pallasma en su obra Los ojos de la piel: “Mi cuerpo es el verdadero centro de mi mundo, no en el sentido del punto de vista de una perspectiva central, sino como foco de referencia, memoria, imaginación e integración”.

Esta inquietud compartida por Panetta y Aghakouchak ha tomado forma en un proyecto llamado Sarotis, todavía en fase de experimentación, cuyo objetivo es comprender cómo interactuamos con los espacios a través de dispositivos wereables que envían información táctil a quien los utiliza. Esta “segunda piel” artificial se infla o desinfla permitiendo al usuario moverse tanto en espacios reales, escaneando lo que encuentra a su alrededor, como en recreaciones virtuales proyectadas en lugares vacíos. Aunque Sarotis todavía no ha salido del laboratorio, ya se vislumbran sus aplicaciones prácticas como herramienta de ayuda para personas invidentes, o las posibilidades que abre para nuevas experiencias en realidad virtual. No es poca cosa, aunque Panetta y Aghakouchak van más allá al definir su creación como un “nuevo sentido” con el que se pueden sentir “los datos y la información aumentada” en los espacios en que nos movemos.

Pero, tal vez, el aporte de Sarotis se haga todavía más radical con la construcción teórica y reflexiva que ambas jóvenes plantean, al afirmar que lo que buscan es ver cómo sus posibilidades afectan a “nuestro estado de conciencia del espacio”. Más de 25 siglos después, volvemos, como el Buda, a la pregunta esencial sobre lo que podemos tomar por real y como eso nos condiciona para movernos en el mundo.

TRANSCRIPCIÓN

Edición: Noelia Núñez | David Castañón
Texto: José L. Álvarez Cedena


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