Sev Ohanian

Searching, la película hecha con redes sociales que sorprendió en Sundance


Sev Ohanian

Sev Ohanian

Coguionista y productor de la película Searching

“En un mundo donde todos estamos tan conectados a través de ordenadores, redes sociales e Internet, ¿qué ocurre con un padre y una hija que viven juntos pero están desconectados?”. La pregunta la plantea Sev Ohanian, coguionista y coproductor de Searching, película presentada en el Festival de Sundance de 2018. Lo hace desde la perspectiva de quien ha armado todo un relato alrededor de estas cuestiones: las diferencias generacionales, la falta de comunicación en las familias y la dependencia absoluta de la tecnología para relacionarnos.

Su propuesta, llevada a la pantalla por el director Aneesh Chaganty (quien alcanzó una gran popularidad por dirigir algunos de los mejores spots de Google de los últimos años), no solo triunfó en el templo del cine indie, donde se llevó un par de premios, sino que la crítica la recibió en su mayoría con entusiasmo. En realidad, la originalidad de la propuesta de Ohanian y Chaganty no reside tanto en lo argumental (una chica desaparece y su padre, desesperado, intenta encontrarla) ni en los temas expuestos, sino en la radicalidad de su puesta en escena, puesto que vemos toda la película a través de las distintas pantallas de un ordenador portátil. La idea no es nueva (entre quienes intentaron un ejercicio similar se encuentra el español Nacho Vigalondo, siempre original en sus ideas, con su ambiciosa Open Windows) pero en este caso el resultado parece superar a sus predecesoras. Javier Ocaña, crítico de El País, escribió que Searching es “un hitchcockiano ejercicio de interoperabilidad y de dirección cinematográfica virtual”, además de formar parte de “lo mejor que le ha pasado al cine comercial americano en los últimos años”.

Lo que Searching pone de relieve es algo con lo que ya nos hemos familiarizado a pesar de ser un fenómeno relativamente reciente: todas nuestras vidas, absolutamente todo lo que hacemos, deja una huella digital. Un rastro que, en la historia, sirve para construir el argumento de un thriller pero que, en la realidad, evidencia que nuestras vidas están expuestas a las miradas de todo el mundo. La intimidad ha desaparecido y la construcción de la propia identidad parece supeditada a la imagen que queremos mostrar en las redes sociales e Internet. Sin embargo, en una entrevista para la web e-cartelera, Changaty aseguraba que la suya no era una película en contra de la tecnología: “Es como ver un martillo en la mesa y decir que es malo. En realidad hay muchos usos para el martillo, buenos y malos. En la película queríamos mostrar usos negativos, pero también animar a verlo todo desde una perspectiva más amplia y enseñar ejemplos positivos. Las nuevas tecnologías pueden asustarnos y obsesionarnos, pero también hacernos sentir queridos, conectados, divertirnos. La película no va sobre lo malas que pueden ser las redes sociales, sino sobre cómo Internet es todo y nos ofrece un portal hacia todo tipo de emociones”.

Edición: Azahara Mígel | Douglas Belisario
Texto: José L. Álvarez Cedena


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