Henry Muccini

Tres algoritmos en la Galería de los Uffizi para evitar colas kilométricas


Henry Muccini

Henry Muccini

Profesor de informática Universidad de L'Alquila

Casi 10.000 personas se paran cada día delante del tondo Testa di Medusa pintado por el turbulento y genial Caravaggio en 1597. Esta obra maestra del Barroco se encuentra cerca de la salida de la Galería de los Uffizi en Florencia, expuesta en el mismo lugar donde también pueden admirarse El nacimiento de Venus de Boticelli o La Sagrada Familia de Miguel Ángel, dos joyas del Renacimiento italiano. Con semejantes fondos no es extraño que la galería florentina sea uno de los museos más visitados del mundo, con 3.4 millones de visitantes anuales, y que las colas que se forman en sus puertas hayan llegado a ser tan características como los cuadros o esculturas que se exponen en el interior. Así pues, muchos de los que se animan a visitar uno de los más populares lugares de Florencia se exponen, además de a un ataque del síndrome de Stendhal (reacción psicosomática bautizada con el nombre del famoso novelista francés y que sufren algunas personas ante la belleza de las obras de arte), a que les dé un ataque de nervios o una lipotimia por las horas de espera. Un problema que los responsables de la Galería quieren resolver sin perder afluencia de público, por lo que se han puesto en contacto con la universidad de L’Aquila. Lo que las colas no pueden gestionar, bien está que lo ordenen las matemáticas.

“Hemos definido el tipo de datos que necesitábamos para resolver el problema y con estos datos hemos realizado algoritmos”, explica Henry Muccini, profesor de informática en la universidad de L’Alquila. Y es que aunque pueda parecernos extraño, todos nos comportamos de una forma más o menos similar durante la visita a la galería, ya seamos grandes expertos en arte dispuestos a analizar durante 45 minutos La Anunciación de Leonardo da Vinci, o unos completos legos que simplemente paseemos la mirada de turista por las pinturas antes de salir a por una pizza. Porque, cuando esos datos personales se incluyen en una base junto a los del resto de visitantes, la media estadística resulta bastante ajustada. Muccini explica que su sistema funciona con tres algoritmos combinados: uno estadístico (que analiza datos históricos para prevenir qué ocurrirá al día siguiente), otro de optimización (que indica cómo distribuir el acceso a la galería y cuánta gente puede entrar cada 15 minutos para nos superar el aforo) y otro adaptativo (que ajusta en tiempo real lo que está sucediendo).

“Los turistas entran gratis los primeros domingos de mes, que es cuando estamos probando con éxito estos algoritmos”, explica Muccini. Los resultados están siendo espectaculares: menos tiempo de espera y mayor número de visitantes. Esta efectividad redunda en beneficio de todos, porque los turistas que no hacen colas pueden dedicar ese tiempo a visitar otros lugares o a ir de compras. La idea es conseguir en un futuro cercano una gestión diaria del sistema que, además, ofrezca al visitante alternativas para ocupar su tiempo hasta que llega la hora de entrada a la Galería Uffizi. La solución propuesta por L’Aquila no erradicará “la vida agotada”, los latidos acelerados o los sentimientos apasionados que describió Stendhal, porque la belleza a veces duele… pero ahorrará tiempo y disgustos a los turistas. Y eso ya es bastante.

Edición: Maruxa Ruiz del Árbol | Cristina del Moral
Texto: José L. Álvarez Cedena


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